Emociones y sentimientos para una vida en libertad. Terapia Gestalt.

Emociones y sentimientos para una vida en libertad. Terapia Gestalt.

Por Raquel Lara Almazán, terapeuta Gestalt y Corporal

En este nuevo artículo, en el que, en realidad, pretende ser un complemento del último que publiqué hace unos meses, más concretamente en abril del 2019, en la web de Qüestions Vitals, Como identificar las cuatro emociones básicas. Terapia Gestalt. Quiero hablarte más en profundidad de las emociones y los sentimientos.

Para empezar, quiero recalcar, que es de suma importancia, la correcta canalización de las emociones. Es un área vital en el proceso de desarrollo del ser humano, si tu elección es avanzar hacia; sentirte en paz, relajad@, confiad@, alegre, feliz, fuerte…simplificando, hacia la libertad y la totalidad.

Todos disponemos de un cuerpo emocional, que a medida que nos vamos desarrollando como seres humanos, desde la tierna infancia, pasando por la adolescencia, hasta la adultez, vamos llenando de heridas y traumas.

Bien es sabido, que las emociones, no hay que reprimirlas y que deben ser liberadas, pero “del dicho al hecho, hay un buen trecho”, no siempre está claro de cómo hacerlo.

Para empezar, existen diferencias entre emociones y sentimientos, y de todo lo que he leído o escuchado sobre este tema, y basándome en mi propia experiencia, me quedo con la simpleza de que, las emociones son expresiones de malentendido, y los sentimientos entendimiento más elevado. Los sentimientos son nuestros maestros, mientras que las emociones son nuestros niños.

Las emociones se manifiestan en nuestro interior, como auténticas explosiones de sentir en nuestro cuerpo físico, con dolor, presión, tensión, rigidez…y qué a diferencia de los sentimientos, las sensaciones son algo más sutiles, calmadas, controladas y que producen cierto placer y claridad.

Las emociones, tienen una connotación de intensidad y dramatismo, como los ataques de ansiedad, de pánico, de rabia o tristeza profunda, mientras que los sentimientos están más asociados a nuestra intuición, expresan un entendimiento más elevado, trascendiendo tanto a las emociones como a la mente.

Dicho así, las emociones descontroladas, nos alejan de nuestro centro, de nuestra claridad interior. Hay una metáfora que leí una vez y que ayuda a esta comprensión, que dice así, Las emociones son como nubes suspendidas delante del sol.

Los sentimientos, son el sol, que nublado por las nubes (emociones) no los podemos localizar tan claramente en un lugar del cuerpo físico, porque es algo no físico. Son los presentimientos que nos conectan con nuestra intuición, acerca de una situación o persona, un ejemplo sería, saber algo acerca de alguien sin haber hablado mucho con él o con ella, y sentir que la conoces de hace tiempo, percibir una atmósfera o estados de ánimo, entonces hay una especie de sabiduría interna, que creemos que parece venir de fuera, y que no es una reacción de nosotros a algo externo, es como algo llovido del cielo que viene del exterior, pero que nos conecta con nuestra sabiduría interior, con nuestro corazón, y que nos hace sentir calmados y con una sensación de claridad.

Como mencioné en mi anterior artículo, Cómo identificar las cuatro emociones básicas, las emociones son una respuesta física ante algo externo, una reacción del cuerpo ante algo, persona o situación, que nos recuerda algo que vivimos o escuchamos de otros, que en su mayoría no comprendimos y lo clasificamos de forma dual en nuestro cuerpo emocional, y a su vez en nuestra psique.

Algo en algún momento de nuestra vida, y que clasificamos como correcto o incorrecto, peligroso o agradable, bonito o feo, con luz o con sombra, mejor o peor, bueno o malo…y que al interactuar con otras personas o situaciones, eso, que no corresponde con esta lectura que hicimos en su momento, limitada, de cómo tienen que ser las cosas, nos crea confusión, removimiento, caos, frustración, rabia, miedo, tristeza…ignoramos lo que nos pasa, nos asustamos, y es normal y comprensible, ya que no nos enseñaron a conectar con nosotros mismos y hacernos responsables de nuestras emociones, más bien aprendimos a ser víctimas de los acontecimientos externos, a tirar balones fuera, a creer que el otro es el culpable de lo que me pasa, y en consecuencia, como algo normal,  aprendo a manipularlo y a ejercer mi poder sobre el otro, para que haga o piense como yo quiero.

Todo este entramado, esta energía de ir hacia fuera, buscando culpables, produce mucho desgaste mental, físico y energético, nos sentimos realmente cansados, no entendemos que nos pasa, nos enfermamos, nadie nos entiende, ¿porque la gente es tan complicada?, que difícil es manipular a los demás…en cierta manera, en este punto, aflora un sentimiento profundo, en el que nos damos cuenta, de que algo no va bien, una sabiduría interna que nos conecta con nuestra intuición a una rendición, un soltar, un fluir a lo que es, es.

Muchos confundimos este soltar, rendirnos y fluir, a una derrota, fracaso, sumisión o claudicación, y es, precisamente mantenernos es esta creencia, lo que nos lleva a creer que podemos ejercer el control en todo y en todos.

Esto nos suele pasar en momentos de colapso emocional, cómo, por ejemplo, nos despiden de un trabajo, la ruptura de una relación de pareja, una enfermedad, la muerte de un ser querido…la vida nos pone a prueba para que nos actualicemos, revisando nuestras creencias, sobre lo que creemos de nosotros mismos y sobre lo que creemos de los demás, siendo las emociones, el vehículo que nos llevará a encontrar, dentro de nosotros mismos, nuestro bienestar.

Pero no hace falta llegar a estas situaciones de colapso, para aprender a manejar nuestras emociones de forma saludable, de echo la vida ya se encarga de ponernos a prueba, si en algún aspecto, dentro de nosotros mismos necesitamos revisar algo.

Es conectando con nuestro niño interior, encontrando un espacio para ir hacia dentro, atendiendo a eso que le está pasando en ese momento respecto a algo o alguien, es conectar con esa incomprensión de nuestro niño, para ser comprendida, sentida, acogida, amada y aceptada, lo que nos ayudará a actualizarnos, disipando las nubes para poder ver con claridad el sol, y para poder conectar de forma más clara con nuestros sentimientos, nuestra sabiduría interna y con nuestra intuición.

En resumen, o, dicho de otro modo, todos estos recuerdos o memorias, que he mencionado anteriormente, quedan grabados o anclados en nuestro cuerpo físico emocional, y cuando hay algo externo que nos lo recuerda, florecen las explosiones de sensaciones corporales (emociones) qué dependiendo, que con qué memoria o creencia se conecte, nos puede llegar a desbordar, y manejarnos a su atojo, desconectándonos como no podría ser de otra manera de nuestro centro y nuestra sabiduría interna.

Estos recuerdos o memorias, suelen corresponder a como nos sentimos cuando éramos niños o adolescentes, son reacciones de incomprensión, donde no hubo nadie que nombrara lo que estaba ocurriendo, lo negaba o no había la suficiente comprensión ni cariño.

Estos sucesos, en su mayoría, un niño lo vive solo, puede sentirse abandonado, no comprende, porque todavía se encuentra en una fase de inmadurez emocional, el resultado es un niño herido en su integridad, respondiendo incontrolablemente a sus emociones, a la rabia, el miedo, la tristeza y a la alegría distorsionada, y esto lo arrastramos hasta la fase de nuestra adultez.

Por eso, es tan importante aprender a tratar las emociones como se merecen, (En, Cómo identificar las cuatro emociones básicas, lo explico) no como algo malo, de lo que nos tengamos que desprender, no hacerle caso, o adornarlo con frases positivas y de superación, sino, más bien, como una energía subyacente, que emerge, para darnos información sobre algo que está ocurriendo dentro de nuestro interior.

Atender a lo nos está pasando dentro, cuando sentimos ira, tristeza, miedo, nos ayuda a actualizarnos, a fluir y soltar el control en nuestra vida.

Es una consecuencia muy liberadora, el responsabilizarnos de nosotros mismos, de nuestras emociones y sentimientos, porque de forma automática comprendemos, qué como seres individuales pertenecientes a un todo, cada uno es responsable de su propia vida, y elige para sí mismo lo que quiere vivir y como, por muy doloroso que nos pueda resultar a veces.

Esto es amor, el resultado de ir hacia dentro, comprenderse y aceptarse, ser un padre compasivo y una madre tierna y amorosa para nosotros mismos.

Simple y complicado a la vez, es mi manera de entender las emociones y los sentimientos. Es el regalo hacia mí misma, y como resultado hacia los demás. El amor que irradio hacia los demás es una consecuencia del amor que irradio hacia mí misma.

También creemos, que este acto de amor hacia uno mismo se identifica con ser egoísta, nada más lejos de la realidad, esta creencia está sostenida por el ego, esa parte de nosotros que se identifica con lo exterior, relacionado con el miedo a perder algo, ¿acaso no es un acto egoísta ejercer el poder y la manipulación hacía los demás, desde la rabia y el miedo?

Y ya, finalizo con esta frase;

Y así poder ver el sol, sin nubes suspendidas que lo nublen, y así se va abriendo el corazón, dando paso a los sentimientos conectados con la intuición, con la sabiduría y la guía interna.

Si con esta guía, sientes que no es suficiente, y necesitas ahondar más, para integrar más a fondo estos conceptos, puedes solicitar una sesión de psicoterapia de la Gestalt, con Raquel Lara Almazán. Terapeuta Gestalt y corporal.