“Sé amable con tu cuerpo para que tu alma tenga ganas de habitar en él” – Santa Teresa de Ávila
Y tú ¿escuchas a tu cuerpo?
Tu cuerpo te habla continuamente. Primero te susurra, expresando con delicadeza lo que desea, lo que quiere o lo que necesita. Si le haces caso y le atiendes, tu cuerpo responderá con energía y vitalidad, con bienestar y salud. Pero si no le escuchas, te irá hablando cada vez más alto, hasta que te acabe gritando. Y lo hará tan alto que lo sentirás en cada célula, órgano, músculo… quizás en forma de contractura, o de cansancio excesivo, o de tensión, o de dolor, o de enfermedad.
Te alejarás de tu equilibrio y de tu armonía.
En Educación postural&Microgimnasia decimos que te alejará de tu alineación, de tu eje corporal, postural y psicoemocional, con lo que tu cuerpo se retorcerá con compensaciones excesivas, buscando huir de las tensiones y el dolor, en definitiva, buscando ese deseado equilibrio.
Y así cada vez más. Un cuerpo no atendido, se alejará cada vez más y más de ti.
Tu cabeza se adelantará, buscando desesperadamente huir de la excesiva tensión que le provocan unos trapecios demasiado tensos y contracturados, por ello tu espalda se curvará en exceso, perdiendo su alienación perfecta, haciendo que tus hombros y caderas hagan una rotación interna excesiva, y por tanto que tus brazos y piernas pierdan también su línea. Y por no decir, de cómo te sientes a nivel emocional con un cuerpo situado de esta manera. O cómo tu mente, ante un cuerpo rígido e inflexible, es incapaz de parar, sin darte apenas tregua…. ¿Te suena?
Un cuerpo con estas desalineaciones (quizás el tuyo) invevitablemente está lleno de tensiones y en ocasiones de molestias y dolores (más o menos invalidantes), porque está diseñado de forma maravillosa para estar en el lugar que le corresponde, y si no es así, lo que pasa es que todo pesa más, los músculos tienen que hacer más trabajo del que les toca hacer para moverse, y por tanto, pierden su funcionalidad… y con ello, tu cuerpo (y también tu mente) deja de ser flexible, ágil, despierto, vivaz. Y todo esto, crea a la vez, más deslineaciones, por lo que entramos en una rueda que parece no tener fin.
Llegados a este punto, la pregunta sería ¿cómo escucho a mi cuerpo? ¿cómo le atiendo? ¿cómo le cuido?
Aquí te detallo tres maneras fáciles de hacerlo:
- Toma conciencia de tu cuerpo
El estar presente en ti mism@ y el tomar conciencia de ti, de tu cuerpo, sensaciones y emociones, es el primer paso para estar en paz contigo mism@. Ya que esto es primordial para determinar qué es bueno, o sano para ti, y que te sienta bien, o todo lo contrario.
Es el primer paso para la/tu transformación.
Cuando no ves y/o escuchas a tu cuerpo, o sientes tus sensaciones, te abandonas, y por tanto, te vas deteriorando y dañando, ya que no podrás oír mensajes que te dicen cuando parar, o qué no es bueno para ti

- Muévete
En primer lugar, haz que tu vida sea activa, huye del sedentarismo. Es decir, adopta un estilo de vida en el que el movimiento sea una parte importante.
Y en segundo lugar, puedes darte a menudo o mejor todos los días, un espacio de 5-10 minutos, para moverte de manera libre, con música o sin ella, sin un orden o fin establecido, sin expectativas, sin juicios…
Como si nadie te estuviera viendo. Siendo consciente de las sensaciones de tu cuerpo y guiándote por ellas.
¡Y disfrutando con ello!

- Realiza “ejercicios” restaurativos y correctivos
Cuando tenemos un dolor o una molestia, eso puede “invadir” toda nuestra vida. Nuestro ánimo y carácter quedan afectados, volviéndonos incluso más irascibles, irritables, o tristes o decaídos. Sólo queremos que el dolor y la tensión desaparezcan y con ello, “huimos” de esa sensación, la rechazamos. Y con este rechazo, también rechazamos nuestro cuerpo, pues es donde estamos sintiendo lo que sentimos.
No esperes a que el cuerpo “te duela” o a que tenga un exceso de tensión o incluso dolor.
Cuida tu cuerpo dándole y creando un espacio y un tiempo en tu vida, mediante el aprendizaje y realización de estiramientos y micromovimientos suaves y respetuosos, específicos y diseñados para ti, realizados en posturas alineadas, con una respiración consciente y liberada, con movimientos inteligentes, y con conciencia corporal y postural, que hagan que tu cuerpo recupere poco a poco su eje, su armonía y su equilibrio, y que el dolor, tensión y molestia, puedan disminuir o incluso desaparecer. Y a que con todo ello, resurja una energía y vitalidad, nuevas y renovadas, encontrándote de nuevo, con tu propio bienestar.

Cuando te das este espacio, sin exigencias, sin expectativas, abres un espacio de respeto y amor hacia ti mism@.
Cuanto más practiques estas estrategias o herramientas, en poco tiempo verás cambios porque tu cuerpo está deseando, créeme, que le hagas caso, y pronto crearas el hábito de “estar en paz” con tu cuerpo, y con tu vida.
¿Te animas? Cuéntanos y estaremos encantad@s de escucharte, asesorarte y acompañarte.
Eva Conde – Lda. Psicología
Terapeuta de Educación Postural&Microgimnasia y Restauración Corporal